Por qué la modestia es tu enemiga a la hora de ejercer tu liderazgo

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Por qué la modestia es tu enemiga a la hora de ejercer tu liderazgo

Como agente de transformación, eres un líder. Lo sepas o no. Eres, o deberías permitirte ser, una fuente de inspiración para tu público. Eres como el faro que ilumina su camino hacia la transformación que tú representas. 

Y para poder ser ese faro, es importante que permitas que tu luz llegue a quien tenga que llegar.

Lo que ocurre es que nos han enseñado desde pequeños (sobre todo a las mujeres) que no debemos destacar mucho, o haremos sentir mal a los demás. No debemos hablar demasiado bien de nosotros mismos, o sonaremos pedantes y no tendremos amigos. No debemos aceptar elogios, o pareceremos mal educados. Tú me entiendes.

 

Y claro, vamos creciendo y aprendemos a no valorar nuestros propios logros, a restarles importancia, a cuestionarlos. 

En mis clases hay un ejercicio que suelo poner. Consiste simplemente en hacer una lista de todos tus logros, desde que naciste. Ningún logro es demasiado pequeño: desde haber aprendido a andar en bici hasta haber aprendido a conducir. Y siempre que propongo este ejercicio observo cosas muy interesantes.

Por ejemplo, hay a quien le cuesta muchísimo hacer la lista. Con mucha frecuencia me encuentro con personas que no reconoce sus logros como logros, a menos que los vean en otra persona. 

Es decir, si lo hace otro es un logro y es importante. Pero si lo hago yo, bah, no ha sido nada. 

Es hora de cambiar el chip pero ya.

Porque si eres agente de transformación no te sirve esa modestia. No estás ayudando a nadie ni te estás ayudando a ti.

Necesitas darte cuenta y reconocer todos tus méritos, para que los demás (tu público) puedan hacer lo mismo.

Pero ojo. 

La modestia no te sirve, pero la humildad sí.

¿Cuál es la diferencia?

Desde mi punto de vista, la modestia es una pose. Es algo que nos han impuesto desde fuera para cumplir con ciertos cánones sociales que ya no nos sirven. Es falsa.

La humildad en cambio es una actitud que nace del corazón. Es saber que no eres superior a nadie, y que nadie es superior a ti. 

Es saber que la visibilidad es un acto de servicio. Que el liderazgo no tiene nada que ver con la auto exaltación ni con alimentar el ego. Que buscamos ser esos faros no para demostrar nada a nadie ni para ser más que los demás, sino para ayudar a los otros a encontrar su propia luz. 

Hace unos días hablé sobre este tema en un Facebook Live:

 

Sé Más Visible

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