Lo que aprendí sobre el miedo jugando a Tarzán

Vivian Watson

Vivian Watson

Ayer me tomé la mañana libre y me fui a un parque de aventuras a lanzarme por las tirolinas y pasar de árbol en árbol haciendo equilibrio entre cuerdas y troncos.

No me gustan demasiado las alturas. No disfruto en los parques de atracciones y hace años que no subo a una montaña rusa. Me gusta tener los pies en el suelo y saber dónde piso. Y nunca imaginé que me vería jugando a Tarzán un jueves por la mañana, cuando el lunes empiezo una nueva formación (Sé Más Visible, Atrae Más Cientes), y me quedan clases que preparar, y un sinfín de cosas por hacer.

Pero la vida tiene estas cosas y antes de que me diera cuenta estaba yo intentando hacer equilibro a varios metros de altura, preguntándome cómo había llegado hasta allí y quién me habría mandado a no quedarme en casa con mi larga lista de tareas.

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El caso es que cuando estás allí encaramada, a unos cuantos metros sobre el suelo, y hay un grupo de adolescentes de un colegio que vienen detrás de ti y están esperando a que termines de colocarte el sistema de seguridad para saltar, y ves que no tienes escapatoria porque no hay otra forma de bajar del dichoso árbol en el que (dichosa la hora) se te ocurrió subir, pues algo cambia en ti.

Y esto es lo que aprendí ayer sobre el miedo y la supervivencia.

  1. La atención en el presente te mantiene vivo. Allí arriba no tienes espacio para lamentarte del pasado e imaginarte el futuro. Necesitas poner toda tu atención en el lugar donde estás, el lugar a donde te diriges, y la mejor forma de colocar el pie. Un paso en falso y te vas abajo (claro que no te vas a caer porque tienes un arnés y estás bien atado, pero eso sólo lo sabe una partecita pequeña de tu mente. Al resto de ti se le ha olvidado por completo ese detalle).
  2. Llega un momento en el que todo lo demás desaparece, y sólo queda el último peldaño. Ese al que te vas acercando. Ese que te va a permitir respirar.
  3. Si piensas, pierdes. Cuando conquistas el siguiente árbol y contemplas el paso siguiente del circuito, y ves que es aún peor que el anterior, lo mejor es avanzar lo más rápidamente posible, sin darle espacio a tu mente para que empiece a elucubrar. La elucubración te paraliza. En cambio, si te lanzas, concentrando toda tu atención en conquistar el siguiente árbol, antes de darte cuenta ya has llegado.
  4. Tu cuerpo sabe más que tu mente. Sabe cómo moverse y cómo avanzar. Tu mente sólo sabe que tienes miedo.

En definitiva: la atención en el momento presente es lo que te hace vencer el miedo. 

Y cuando estás allá arriba, no sólo te estás enfrentando al reto físico sino a todos tus fantasmas.

Eso fue lo que sentí ayer.

Creo que la peor parte del miedo es cuando te proyectas a un futuro que ni siquiera existe. Si te centras en el momento presente y en tu siguiente paso, la atención no deja lugar al miedo.

Y simplemente llegas al siguiente árbol.

 

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